martes, 6 de septiembre de 2011

La Sociedad Secreta

Queridos cucarratones.

En la jornada de hoy he hecho un gran descubrimiento. En realidad, es algo que siempre estuvo ahí. Ya lo intuía. Pero es como esas cosas medio clandestinas que uno no llega a vislumbrar del todo. Una especie de inframundo que evoluciona paralelamente a la vida "normal" que todos sobrellevamos diariamente.

Algunas personas son perfectamente conscientes de estos dos mundos y se mueven con soltura aunque no sin muchos problemas entre los dos. Al igual que los taxistas son raza aparte a nivel internacional; es decir, que constituyen su propia cultura y civilización, pues son como son vayamos donde vayamos, hay otros seres o personajes que forman parte de una red global propia.

He tropezado con esta HISTORIA y me ha resultado inquietantemente familiar. Algo así como cuando ves una reacción o frase amiga en boca de otra persona. Siempre desde el humor y el cariño, por favor.
Pero, como decía, continúo tirando del hilo. Click aquí, click allá. Y la cosa se va poniendo seria y me catapulto hacia otro mundo. Un mundo que da nombre y apellidos a cada experiencia que vivo desde hace muchos meses.

Se trata de la denominada SOCIEDAD SECRETA



Es el resultado de la toma de conciencia real de los conceptos generados en un ambiente de pensamiento adaptativo (toma ya).  Me imagino que mis colegas de KSA han vivido un ambiente más intenso que yo, sin duda alguna.
Es como aprender qué es la "ironía" o el "sarcasmo" y conocer la diferencia entre ambos. El ejemplo es buenísimo cuando me encuentro con un caso muy, repito, MUY familiar.

Tema: Alquiler de coches.


Desde luego, en todos lados cuecen habas.

Me parece hasta gracioso ver que los problemas que creemos locales, ocurren en otras latitudes (Charlielandia sería como Vicentelandia -va por ti, Llopis-).
Y también el observar como lo que creemos que son problemas, no lo son tanto.

Un poco de filosofía... asiática, europea o africana, pero filosofía al fin y al cabo.

Sed buenos y disfrutad.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Vacaciones que no son tales

Queridos acuicultores y ebanistas,
¿nos os ha pasado nunca que todo sale de forma no esperada? No me refiero a que salga al revés, sino a un modo no esperado.
Seguramente sabéis a lo que me refiero.

Esta historia se remonta a hace unos días, cuando Iñigo y Nagore se marchaban, la semana tocaba a fin, la oficina organizaba su "iftar" (que dejó mucho que desear, la verdad)... Y, como de costumbre, todo empezó a medianoche. En un autobús. En Egipto.

El viaje fue duro. Idas y venidas de la cabeza en el hombro de mi compañero de asiento, el enigmático y siempre aventurero y buen conocedor de su entorno, el señor Vincenzo Mattei. Minutos que parecen horas al acecho y alguna hora que pareció una eternidad frustrada por el reloj durmiendo. Rodeamos el Sinaí: desde el canal de Suez, pasando por el puerto de Tur y la "aldea" de Sharm el-Sheij. Y, por fin, Dahab.

Era una cálida y ventosa mañana de Martes. Podía haber sido de cualquier otro día, pero era Martes. La rutina del lugar se me antojo ligera después de la noche: hotel, bicicleta, centros de buceo, regateo y demás.

A pesar del cansancio estábamos animados. Por la tarde llegarían Alberto y Umberto. Nada volvería a ser igual. Tuvimos la oportunidad de ver cómo un tiburón estaba a punto de comerse un delfín si no fuera por el platillo volante que vino y lo abdujo. Se salvó el delfín. Por poco.

La tragedia se instaló en mí al día siguiente, día 2. Cuando pasé los cinco metros estaba hecho unas castañuelas. Pero la alegría duró poco. Exactamente tres metros más.
Y el oído, la presión, el agua, los nervios... hicieron de las suyas y tuve que abortar la inmersión. Otra vez.
No mentiré si aseguro que esto quebró mi ánimo. Comencé a barajar alternativas, en un haz de positivismo: kitesurf, snorkling, windsurf, etc... pero había entrado en una vorágino maníaco-depresiva que me arrastraba al hoyo emocional. No había remedio. Presenciaba mi caída como el que contempla el parte meteorológico en la TV. No podía hacer nada. Era un juguete del destino.
Pero como me ocurre siempre, era consciente de todo ello, así que mi estado era algo así como una consciencia indeseada sobre que no podía controlar. Es decir, "que si así tiene que ser, que así sea".

Mientras mi subconsciente se barajaría irremediablemente durante los siguientes dos días (días 3 y 4) entre el existencialismo, la escatología y otras corrientes afines; mi lado consciente, cual capitán de una barca en mitad de un huracán, decidió dedicarse a la vida contemplativa; es decir, que invertí los roles.

Se sucedieron una serie de casualidades que cualquier friki llamaría "cósmicas" pero no lo llegaron a ser, aunque hubiera mucho mensaje cargado de estrellas, vidas alternativas, valores existenciales, energía e incluso política que ni las mejores drogas, oiga.

En resumen puedo decir que me encantó el aspecto humano. Conocí más gente de la que pensaba que conocería y me encontré con varios amigos, a modo de sorpresa (agradable).
Saboreé el regusto agridulce y amargo de la frustración en bocas de un amigo. Cuando la realidad y lo que creemos que es realidad se distancian en un abismo que, aun siendo grande, no podemos avistar. Y, sobre todo, la comunicación.
Desde luego, hay cosas que ni hablando 10 idiomas puede uno expresar. Este momento, bastante concreto, hizo que me preguntara varias cosas, sobre el sentido de la amistad, de la gratitud y de la capacidad de autocrítica y su reflejo en la realidad. En pocas palabras, la cosa de la viga y la paja en el ojo.

Me sorprendí sobre aquello de ser capaz de madurar otras relaciones con otras personas que no están físicamente presentes, en el sentido de entenderlas mejor, sea por razonamientos lógicos o por comparación abstracta con una situación análoga (que diría el Manual). Y de nuevo me encontré con el tiempo en la ecuación. Y aunque me asusté un poco, lo dejé pasar. Seguía mandando el subconsciente, que no contempla tiempos ni nada de eso.

Me encontré con más gente y mi vida en los días 3, 4 y 5 se había reducido a levantarme tarde (los que me conocen saben lo que esto significa), bicicleta y cenas.
Fue un viaje humano y reflexivo.
Pude meditar.
Me aburrí un poco.
Conocí gente interesante.
Le di al coco en el buen y mal sentido.
Lo que, quitando el factor humano, se resume como "nada especial".

Y el médico me dijo que mi oído está perfecto, pero que compense con la izquierda.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Esas pequeñas señales

Queridos atrapaconejos de arriba y de abajo,
estar en demasiadas cosas lleva a no estar en nada.
Soy conocido por mi indecisión. En realidad, no es tal, sino una consecuencia normal, creo, de un modo de pensar más previsor y futurista del que rigen los cánones.
Es jodido.
Si algo he aprendido (viendo y viviendo) es que salirse un poco de los moldes puede llegar a ser sinónimo de pasarlo mal.

También voy aprendiendo que Ortega, con aquello de que somos nosotros "y nuestra circunstancia" tenía más razón que el Papa. Y que, por mucho o poco que se crea, hay cosas que van sucediendo que llevan a sitios diferentes según sea nuestra reacción ante ellas.

No es mi intención ponerme místico ni filosófico a mis años, pero últimamente he estado dándole vueltas a esto y he llegado a sentirme muy poco patrón de mi rumbo en determinados momentos (sobre todo, este año). Las sensaciones han sido raras: he intentado oponerme, llevar la contraria, otear el horizonte e incluso dejarme llevar a la deriva (sin remar). Los resultados han sido también, dignos de estudio (pero no os aburriré con eso).

A decir verdad, he aplicado poco de lo que me enseñaron mis padres, sin saber bien por qué (igual no era el campo correcto de aplicación). Y también me siento un poco "perdido" en el sentido de "estancado" o "aburrido".
Mi manía por mirar siempre el siguiente paso en lugar de disfrutar del presente es grande. La voy corrigiendo poco a poco, pero me queda mucho trabajo.
Y, sin duda, si la junto con el verano, con el Ramadán, con el calor, con la vida en El Cairo y con el futuro cumpleaños (tema que vuelve a salir), terminan en una entrada de blog como la actual.

Creo que es hora de dejar de escribir y darle a Publicar.


lunes, 22 de agosto de 2011

De nuevo, el Sinaí

Estimados historiadores,
es por todos conocida la importancia que tiene el territorio del Sinaí para las tres grandes religiones. La historia de Moisés, para sorpresa de algunos, sucede en los tres grandes libros.

Dicho esto: ¿qué estado religioso no querría tener el Sinaí bajo du custodia?

Hace unos días, entre palestinos, egipcios e israelitas, se han vuelto a matar en la frontera. La excusa viene como un guante a cualquiera de las partes, la verdad. Cada uno por motivos distintos.

El caso es que servidor quería pirarse al Sur de Jordania por las vacaciones del fin del Ramadán. Y lo quería hacer por tierra, atravesando Israel; o por mar, con el ferry de Nuweiba (Egipto) a Aqaba (Jordania).
Pues bien, parece que, tras la entrada de Jordania en este pequeño (pero potencialmente gran) conflicto, me quedo por el país.

Se me han ocurrido un par de planes. Entre ellos, por supuesto, es echarle los dados al destino y seguir con Jordania en la cabeza. Si no, podría quedarme en Dahab, de la que debo una buena descripción y donde se relaja cualquiera. Mi tercera opción puede pasar por emular a mi progenitor, pillar la bici y poner millas por el delta: Ismailya, Port Said, Lagos Manzala, Lago Burul·los y puede que algo de Mansura.

¿Opiniones? ¿Sugerencias?

martes, 16 de agosto de 2011

Que 20 años no es nada...

Así decía Gardel.
Para este espléndido tango le rimaba lo mismo 20 que 30, pero, desde luego, se lanzó a los 20.
¿Por qué? Porque 30 sí son algo.


Nunca fui un gran sentimental para lo de los cumpleaños. Mi familia no goza de una gran tradición para celebrar nada, las cosas como son. La emoción de un festejo podría equipararse a la de comerse el primer polvorón en una aburrida tarde de finales de otoño. Algo especial, pero nada del otro mundo.

Lo malo de girar el globo es ver que otras personas adoptan actitudes muy diferentes ante situaciones similares (como un 30 cumpleaños, por ejemplo). Y eso, de forma irremediable, hace que uno le dé un par de vueltas al coco. Esto me ha pasado al hablar con mi amiga Emma.

La melancolía en este tipo de pensamientos y la tristeza que la acompaña son de esos sentimientos que no aportan nada, que no sirven para nada, pero que condicionan el comportamiento general. En la mano de cada uno está el dejar que afecten o no o en qué medida.

Como conclusión de esta reflexión, creo que fui educado (hablando en general) en la extrema bondad y confianza en para con los demás. Es decir, en estar siempre atento a otros para poder hacer una cosa u otra y, si se van al fiasco los planes, sólo poder culparse uno mismo.
Esto ya no vale.
Y esto lo enlazo con mi futuro viaje de Eid. Hace muchos años dije que no volvería a viajar solo, pero citando a un aventurero digo que "en cuanto a lo de viajar solo, ¿qué coño? Si es así como tiene que ser, que sea así"