lunes, 22 de marzo de 2010

Mediterráneo y cosmopolita Líbano

Queridos todos,
servidor os recomienda este país. No sabría deciros si para vivir allí, pero, desde luego, para ir de vacaciones.
Como aproximación os diré que Líbano es un país, sin duda, mediterráneo en casi todos sus aspectos: gente, mentalidad, estilo de vida...
El país, a grosso modo, es un caos, tanto por el tráfico, como por el entramado social que tienen montado allí. Lo de las religiones y la política es del tebeo. Pablo lo describe bien en su blog.
Un lío. Aquí, en cuanto a religiones, las peras se van con las manzanas, los plátanos con los mangos, los cocos con las piñas... un lío, oiga. Después, dentro de las nosecuantas sectas/religiones que hay, cada una tiene su facción moderada y la dura.
El tema más recurrente es, por supuesto, Israel, y ya lo creo que se cogen nuevas perspectivas sobre el tema palestino. Pero no voy a entrar en eso.

Del país puedo hablar de la enorme y excesiva cantidad de coches de lujo que hay, la limpieza de las calles, los edificios bombardeados junto a los reconstruidos, las libanesas, los carteles de Hamás, los seguidores de Hezbollah, el asentamiento palestino, la vida nocturna, los tres idiomas oficiales (árabe, francés, inglés)... mil cosas.
Luego vuelvo a Beirut.

De Baalbek digo que, a pesar de ser árabe, el pueblo está bien enfocado al turismo, puesto que quiere aprovechar sus ruinas romanas con las columnas más altas que se hayan construido (dentro del templo cabía el Partenon griego).

De Byblos puedo decir que se trata de la población que ha sido habitada continuamente durante más tiempo en la historia (por lo menos, que se sepa).

De Beirut podría decir tantas cosas que no sé por donde empezar y, para no aburrir, me dejo muchas en el tintero. No es árabe, pero lo es. No es europeo, pero lo es.

Tengo que dejar claro que mi criterio está drogado por El Cairo. Mi perspectiva está viciada y cualquier cosa fuera de la capital egipcia me parecerá el primer mundo (como ocurrió con Damasco -cualquiera que la conozca me dirá, con razón, que este comentario es una locura-). Beirut me pareció maravilloso.
Pablo y Rafa (y Nada y Miguel) hicieron del viaje uno mucho mejor. Espero devolverles la aventura en El Cairo.

Me vais a perdonar, pero no sé muy bien qué escribir sobre este tema. Es raro, pero es así. Escribiría tantas cosas que se me quedaría una entrada demasiado larga.

Os voy a dejar las fotos comentadas, creo que será lo mejor. Por cierto, tengo que decir, del tema foto: prohibidas. Así de tajante. Resultado: mucho paisaje, poca gente.
Voy a colgarlas y modifico esta entrada.FOTOS.

How it's good to come back. Back and Forth.

La visita del comandante

Querido lector,
Plácido vino, vio y... se piró. Visitaron (él y Susana) prácticamente todo el país: El Cairo, Aswan, Luxor, Dahab y Sharm. Todo menos el desierto, pero todo lo más destacable (en opinión de muchos).
El caso es que estuvo muy interesante la visita y, personalmente, me quita una espinita que tenía desde hace tiempo con mi señor padre.
El caso es que acabaron contentos y con el estómago lleno, y yo también.

A mí me vino bien para algunas cosas, como por ejemplo, ver los Derviches: el espectáculo heredado del imperio otomano en el que participan músicos y unos bailarines que empiezan a girar (parece que están en trance) mientras se van quitando las faldas de colores (sí, sí, faldas). Es un espectáculo gratuíto, financiado por el gobierno y por el que hay que esperar como dos horas para entrar, sentarse y esperar para una hora y media de espectáculo. Puedo decir que la espera merece la pena. Aquí dejo algunas fotos.

Sé que la entrada es breve, pero lo bueno, si breve... pues eso :)

¡Eah! ¡Al parque a correr, chavales!

viernes, 26 de febrero de 2010

En un desierto... de rayos

Queridos licántropos y anémonos,
anoche cayó una tormenta inesperada que limpió toda la ciudad.
Amaneció nublado y lluvioso. La tarde fue soleada. De este Sol rico después de la lluvia donde sopla un poco de viento, la temperatura es fresca pero se está bien en camiseta, oliendo a humedad por todas partes. Se fue nublando hasta que, con la noche, llegó la tormenta: de truenos y rayos acompañada por agua. Mucha agua. De vez en vez, no toda de golpe. Duró unas horas, pero dio tregua a partir de las 23 horas. Murió.
Hoy está todo mojado, de resaca de ayer. El cielo sigue nublado pero no parece que vaya a llover.
El Cairo, a las orillas del Nilo, en el desierto Sáhara, donde muchos creen que nunca caen gotas del cielo.
Ahí van unas fotos, desde mi casa, de la noche de ayer.

Besos y abrazos.




domingo, 21 de febrero de 2010

Los sabios locales

Queridos ensayistas y puericultores,
si hay algo que caracteriza a los autóctonos por encima de aquellos de otros países por los que pasé se trata, sin duda, de el enciclopédico conocimiento de su entorno, de lo que sucede a su alrededor y de la vida en general.
Es decir: lo saben todo. Son como los wikihombres o algo así.

La palabra 'NO' casi no existe en su vocabulario.

Mi amiga Yasmin (Jazz) hizo un experimento: preguntar, durante un paseo, por la calle "Pato Donald" (shari3 Batu Dunald). 9 de cada 10 sabían donde estaba e incluso dieron indicaciones para llegar.
Me lo creo.
A mí me pasó lo propio en las pirámides, con el guía, cuando me preguntó procedencia y respondí "Patrichistán". El tipo me miró, me sonrió y me dijo "Patrichistán es un país bonito, maravilloso". Por supuesto que sí, Mohamed, por supuesto que sí...

Te montas en el taxi, le dices el barrio...
-¿Zamalek?
- Oh (por aquí afirman con un "Oh")
- ¿Shari3 (calle) Mansour Mohamed?
- Inshallah (Si eso...)
A partir de aquí el tipo se despista. Pilla por donde no es. Intenta girar por el puente equivocado. Tengo que decirle que no, que por aquí no, que mejor por allí.

- Hadretak, ¿inta aryf? (señor, ¿Vd. conoce el sitio?)
- Aywa. Mish Mushkela. Ana aryf. (Sí, no pasa nada. Yo sé donde es)
- Aaah. Meshy (vale). Al-hamdulillah (gracias a Dios)

Y digo yo. ¿Para qué rayos me dice entonces que sabe dónde está?
Pues esto funciona con todo.

Si voy a una tienda y le digo:
-Law samaht. Mumkin atruyhbajedya? (cosa que me acabo de inventar).
El tío se pira y me vuelve con cualquier cosa que ha pillado en cualquier estantería y que intuye que se trata de lo que necesito.
A veces es leche (laban), azúcar (suker), un poco de té (shey), pero nunca pregunta y JAMÁS me dirá que no tiene.

A veces es divertido. Otra veces, desesperante.
Son así y hay que quererlos como son.

Me imagino que, desde su prisma, también nosotros tendremos nuestras cosas (espero).

...pero es que lo saben todo todo, leñe!

sábado, 20 de febrero de 2010

Las tres preguntas

Queridos lectores,
Entre otras muchas cosas, los egipcios, tienen una costumbre: la humanidad en el trato. Esto no es otra cosa que mostrar interés por lo que no conocen y, sobre todo, por lo que viene de fuera. ¿Cómo? Preguntando.
Muestran su amplia sonrisa (sobre todo los niños, encubiertos por un halo de inocente vergüenza). Preguntan, les gusta que les preguntes, son felices, pasan el tiempo, es divertido, interesante… en muchos casos (o zonas) creo que es comparable a si yo conociera a un extraterrestre.
Dentro de todo lo que preguntan, hay tres cosas que nunca, NUNCA, de niños a mayores, de hombres a mujeres, nunca van a faltar:
- Nombre,
- país
- y estado civil (más concretamente si estás o no casado).
Es curioso como, por la forma de vestir y respondiendo a estas tres preguntas, te encasillan en una u otra “categoría” social. Les sirve de referencia. Sin más.

"Conversaciones" de este tipo he tenido a patadas y de todos los tipos. He tenido cien nombres, docenas de trabajos y he sido iraní, ruso, francés, alemán, italiano, español, patrichistaní (“un país maravilloso, Patrichistán” decía un guía de las pirámides), brasileño, mejicano y otros tantos que ni recuerdo.
Les da igual. Lo mejor es que todos son prácticamente igual de simpáticos. Esto me gusta. También igual de pesados. Esto me gusta menos.
En el monasterio de San Antonio (cerca de al-Zafarana) nos acompañaron unos niños desde la cueva hasta el monasterio. 1200 escalones para abajo.
De donde eres, como te llamas, estas casado. Así nosecuantas veces. Cansa. Juan se cansó. A partir de ahí los niños añadieron "¿tu amigo está enfadado?" a la lista. Yo les respondía que fueran y se lo preguntaran. Al cabo de 15 minutos añadieron otra pregunta típica: en qué trabajábamos. Ese día éramos futbolistas, del Valencia y del Barcelona. La siguiente pregunta de los chicos era si nos gustaba el fútbol.
Queridos amigos, el orden de las preguntas es correcto: primero, trabajo (futbolistas) y después si nos gusta el fútbol y de qué equipo somos. Qué puedo decir, después de varios meses por aquí, no me sorprendió nada todo esto.

Es un país curioso. En un trayecto de 15 minutos puedo ver un coche dando marcha atrás en un puente, o aparcado en él, girar en sentido contrario (como hizo Juan) en una rotonda, ver que la casa que tardaron 10 días en demoler a golpe de martillo y maza se ha convertido en un aparcamiento que controla el “bauab” de la zona, ver al chico del pan en bici con su bandeja de 2x2 metros repleta de pan en la cabeza, como el mejor equilibrista del mundo esquivando coches, personas, badenes…
Puedo ver tantas cosas, pero recuerdo todo más lleno. Entonces me doy cuenta de que he dejado de ver la basura de la calle, las galabeyas, los taxis pitando, el tráfico caótico (de repente parece más ordenado), las motos con música, los hiyab y los niqab. Forman parte ya de mi día a día, son cosas que no veo más. Están tan presentes en la cotidianeidad que no los ves. Esto es extraño.
Ver cómo se van olvidando cosas para aprender otras nuevas, formas nuevas, modos nuevos, nuevos puntos de vista, nuevas ideas. Mil cosas que el cerebro intuye pero no puede absorber por saturación.

Aunque seguro que toda la tontería me la quita de un bofetón el primer taxista que pille en España cuando vea que me bajo del taxi sin pagarle.