jueves, 2 de diciembre de 2010

El pobre de Samuel T. Cohen


Propicios días ciudadanos,
hoy ha muerto Samuel T. Cohen. Fue el inventor de la Bomba de Neutrones.
Nikita Khruschchev dijo que era el arma capitalista porque mataba personas, no cosas. Por lo visto dijo algo como "puedes matar a un hombre sin manchar su traje de sangre y así vestirlo tú". Bueno.
El caso es que no deja de tener cierta ironía el asunto porque este señor, Samuel, intentó durante muchos años que su arma se fabricara (y no se hizo hasta 25 años después). ¿Por qué no?
Eso me pregunto yo. ¿Por qué?
La clave de la respuesta me la dio una de las últimas palabras de Samuel: "Es la única arma nuclear de la historia que hace que tenga sentido en hacer la guerra. Cuando la guerra termine, el mundo sigue intacto". ¡Joder, Sam! (perdón por el taco).
Esto me lleva a preguntarme cuánta gente habrá en el mundo que piensa que las guerras son algo ideológico o religioso o o territorial o cultural... cuando, en realidad, lo que interesa es puramente económico.
Sam, Sam. Tu arma no es "guay" porque precisamente no destruye. Para qué la vamos a usar, si lo interesante de una guerra es destruir para reconstruir (que es donde está la pasta). Que se lo digan a Líbano y al grupo Solidere.

Cambiando de tema, aprovecho la ocasión para dejar patente la indignación que siento por la política exterior de EE.UU. (que es uno solo de los casi 200 países de la Tierra con una población de solo el 5% mundial) que ahora dice que Julian Assange (este sí que merece un Nobel de algo -os recomiendo leeros su minibiografía-) es malo y lo pone al ladito de Bin Laden en puntos de maldad.
Digo yo que lo deberían multar por Copyright (si es que lo tenían los documentos pero no seas brutos, yankees. No hombre, no. Así no se hacen las cosas.


Y como colofón. Prometo (y soy un hombre de palabra) dar un cheque en blanco a la persona que invente un arma que mate sólo y exclusivamente a los malos. Me gustaría ver hacia donde van las balas (o los rayos láser). Seguro que me llevo una sorpresa... o no.
Podéis dejar vuestros bocetos e ideas en los comentarios y os iré contactando.

Sed buenos.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Los Estados Unidos de Europa


Hola,
el siguiente fragmento es parte de un discurso. Lo pongo aquí porque, aunque me perturbe coincidir con Nigel Farage en la idea de que los estados tienen que controlar más en vez de actuar como máquinas económicas privadas y no perder su autonomía (exacto, es inglés), también pensé que, a veces, hay que hacer sacrificios para conseguir sueños. No se trata de justificar, sino de ponderar. Tampoco de ir a lo loco -ejem- sino de hacerlo con la cabeza -sentido común- pero también con el corazón -pasión-.
Tened en cuenta, por favor, que fue escrito hace mucho tiempo (lo digo por el léxico)
"¡Un día vendrá en el que las armas se os caigan de los brazos, a vosotros también! Un día vendrá en el que la guerra parecerá también absurda y será también imposible entre París y Londres, entre San Petersburgo y Berlín, entre Viena y Turín, que será imposible y parecería absurda hoy entre Rouen y Amiens, entre Boston y Filadelfia. Un día vendrá en el que vosotros, Francia, Rusia, Italia, Inglaterra, Alemania, todas vosotras, naciones del continente, sin perder vuestras cualidades distintivas y vuestra gloria individual os fundiréis estrechamente en una unidad superior, y constituiréis la fraternidad europea, absolutamente como Normandía, Bretaña, Borgoña, Lorraine, Alsacia, todas nuestras provincias, se funden en Francia. Un día vendrá en el que no habrá más campos de batalla que los mercados que se abran al comercio y los espíritus se abran a las ideas. - Un día vendrá en el que las balas y las bombas serán remplazadas por los votos, por el sufragio universal de los pueblos, por el venerable arbitraje de un gran senado soberano que será en Europa lo que el Parlamento en Inglaterra, lo que la dieta en Alemania, lo que la Asamblea legislativa en Francia! Un día vendrá en el que se mostrará un cañón en los museos como ahora se muestra un instrumento de tortura, ¡asombrándonos de que eso haya existido! Un día vendrá en el que veremos estos dos grupos inmensos, los Estados Unidos de América, los Estados Unidos de Europa, situados en frente uno de otro, tendiéndose la mano sobre los mares, intercambiando productos, su comercio, su industria, sus artes, sus genios, limpiando el planeta, colonizando los desiertos, mejorando la creación bajo la mirada del Creador, y combinando juntos, para lograr el bienestar de todos, estas dos fuerzas infinitas, la fraternidad de los hombres y el poder de Dios."

Victor Hugo. 1871.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Las últimas horas en el Bósforo

Recuerdo que llegué a casa, cansado.
Traía conmigo unas cervezas para la cena. Allí son fáciles de encontrar.
Coskun había preparado pollo al horno con arroz blanco y un pan de ajo con muy buena pinta.
Me dolían las piernas, de tanto subir y bajar por las colinas de la ciudad. De atravesar puentes de un lado a otro. De pasear y repasear la que ha sido "mi calle" durante cinco días. De entrar en las tiendas, en los cafés, en los restaurantes, en las mezquitas.
La cena, buenísima. Digna de un simpático y bohemio anfitrión.
Las horas siguientes las pasé durmiendo, a la espera del último día. Y las horas pasaron lentas.
Madrugué algo más que los días anteriores.
Después de la rutina matutina, en la que la ducha no tuvo nada de similar al baño turco con el masaje-tortura que recuerdo con lágrimas en los ojos, salí de casa abrigado. El tiempo no se decidió en ningún momento: frío, calor, viento, lluvia... Recorrí una vez más la calle Istiklan, el "corso", la arteria comercial de la ciudad. Llena de gente en el penúltimo día del Bayram, del Eid, de la fiesta del cordero.
El Gran Bazar lo dejaré para otra ocasión. Estaba cerrado.
Me resistí a atraversar el puente de nuevo. Ya basta. Desde la torre Galata pensé en la noche anterior en el café Loti, en lo alto del cementerio, al otro lado del Cuerno de Oro. Esa noche, en ese café, empecé mi novela. Por fin. Después de todo este tiempo.
Estuve disfrutando de la soledad del momento, poco fácil ni oportuno; de los pensamientos, abundantes, y de un "Chai" turco que me supo a "Shei" egipcio. Pensé en mi país y en algo más.

En mi camino de vuelta, de Galata a Tünel, paré a comprar el Ney que vi el primer día. Qué sonido único. Continué por las tiendas y comprendí que podía repasar mi viaje por las cosas que estaba viendo: las bolsas del bazar de las especias, las postales, la ropa de abrigo, el Ney, las fotos que estoy tomando y las que me hubiera gustado capturar, el llavero de Rachel...

Cuando me entró hambre, recordé las comidas. Desde las del primer día hasta los kebaps, los sandwiches, los platos turcos (indescifrables a estas alturas), los pasteles, el restaurante turco "sorpresa" al que me llevó Raquel o las frituras de pescado y marisco que comimos en Ortakoy justo antes de la Lubina con Rake en el barrio de Besiktas (con la borracha esa de fondo).

A pocas horas de mi vuelo, mi gran anfitriona debía estar con Iñigo y Bau en la Capadocia, de la que he oído tantas cosas sorprendentes. Gracias Raquel.

A mí no me queda más que ir al aeropuerto y montar en un avión que daría la vuelta por "equipaje sospechoso". Al final no fue nada. Sólo 6 horas de vuelo. Retraso y llegar a casa de madrugada.
Y dormir.

lunes, 8 de noviembre de 2010

El universo

Queridos curiosos,
esta WEB me la ha pasado la Patri.
Es didáctica y muy entretenida.
Espero que la disfrutéis.

lunes, 11 de octubre de 2010

Un septiembre más

Queridos, darlings -que diría Chris-

Nunca nada sale como uno planea. Es cierto. En este caso, a mí, más o menos, me salió. Tenía un vuelo a Sevilla que, en un principio, no pensaba disfrutar. Después lo pensé un poco y, unido esto a combinaciones astrológicas, me salió a aprovechar la oportunidad.
Me planté en Sevilla por la noche. Me junté con mis amigos en un bar para beber agua y comer ensalada, lo típico de la ciudad.

A medianoche llamé (de nudillo) a la puerta de mi padre.
A la mañana siguiente, me presenté en casa de mi abuela.
Después, ante mi hermano.
Finalmente, a mi madre -simulando que era mi hermano.

No puedo describir ninguno de los momentos. Soy incapaz. Tendríais que abrirme y rebuscar en el cerebro.

Mi segundo día fui al concierto de U2. No contaba con ello.
Al día siguiente llegaron mis primos de Madrid y A Coruña. Toda una coincidencia.
Dormí poco, salí mucho, estoy más gordo y vi a más gente de la que pensaba.

Por eso digo que las cosas no siempre salen como uno planea. A veces, salen mejor.

Gracias por los días en Sevilla.
Después de un año árabe, los necesitaba.

Besos, abrazos y garrotazos